"No llores porque ya se terminó... sonríe, porque sucedió."
Una muerte anunciada. Era de esperarse por la salud de la que gozaba en los últimos años Gabriel García Márquez, con una enfermedad que lo hundía poco a poco pero sin retrasos en el olvido de las cosas, de las caras y lo cotidiano.
Pero siempre he pensado que debemos celebrar la vida y no llorar la muerte, pues los recuerdos permanecen así queramos borrarlos; una manera de celebrar a GGM es releyendo su obra y aunque suene trillado prestarle dedicada atención a una en particular. "100 años de Soledad".
Encuentro algo particular en ella y es que te hace creer en lo más profundo de tu ser que esa historia que se cuenta partiendo de lugares inventados, es absolutamente verdad.
Desafía la lógica pero se instala en el alma, haciéndote padecer las venturas y desventuras de una familia entera destinada al profundo olvido, a desaparecer y no dejar rastro de esta tierra y de ninguna otra.
Y esa es una particularidad de toda su obra, te hace pensar en esas personas porque las hace humanas y por tanto vulnerables, te hace recordarlas y que vuelvas a ellas de vez en cuando porque te hace pensar que quizás seas así, que cometes un error como lo cometieron ellos y necesitar releer su historia para no crear una igual.
Es una reflexión triste, pero al final terminas feliz porque un maravilloso escritor como lo fue el Gabo te permite eso, simplemente llegar a la felicidad.

El GABO a lo largo de toda su vida dejo entrever la soledad y al final fue así solo con sus recuerdos de lo vivido
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